LA RELACIÓN DE
PAREJA Y SUS CONFLICTOS VUELVENAlejandro Laboríe
* Olga Martha Dávila presenta una propuesta sencilla y novedosa
* Tomás Urtusástegui ofrece un texto inmerso en los lugares comunes
La relación de pareja, uno de los temas preferidos por dramaturgos y
directores en México, vuelve a los escenarios teatrales a través de una
propuesta sencilla a cargo de Olga Martha Dávila, sin embargo, también se
podría definir como novedosa y, hasta cierto punto, arriesgada.
Tomás Urtusástegui ofrece un texto lleno de lugares comunes, esto es, las
típicas discusiones que puede tener cualquier pareja que lleva seis meses de
separación y cuando están en los trámites para conseguir el divorcio.
La obra en cuestión lleva por título Viento y lo único diferente a cualquier
otra de su tipo es que Anabela y Fernando ?nombres de los personajes- dirimen
sus amores y desamores, sus coincidencias y diferencias durante un paseo en
globo.
Diálogos realmente intrascendentes con algunos toques de humor: me encanta
de ti...; lo que no me agrada de ti... y así de principio a fin.
Sin embargo, la propuesta de dirección es lo que le da el atractivo a la
puesta. Desde la tercera llamada hasta la conclusión de misma, ambos actores
están suspendidos en el citado globo, incluso cuando hay escenas apasionadas,
los dos tienen que olvidarse del vacío escénico en el que se encuentran y
tratar de dar lo mejor de cada uno, un agasajo sexual muy bien logrado.
Otra loa bien merecida para Olga Martha es que explota al máximo las
posibilidades actorales de Marina Avilés y Javier Nieto, ambos con más deseos
que posibilidades reales. La directora está consciente y no trata de llevarlos
más allá de lo que potencialmente están capacitados, esto es, no los obliga a
dar lo que no tienen.
La música de fondo es en vivo, a cargo de César Lima y está presente durante
todo el desarrollo, lo que para unos puede ser un acierto y para otros un
recurso innecesario. Desde nuestra particular opinión, es positivo su empleo en
forma casi permanente, sin descontar que por momentos incrementa las
situaciones melodramáticas.
Olga Martha le da su tiempo a cada uno de los diálogos, permite el énfasis
en el humor, a veces negro, y le da su tiempo a cada una de las escenas, así
como el transcurrir de una a otra. Cabe destacar que es el trabajo de la
dirección lo que le da relevancia al montaje, porque el texto por sí sólo,
reiterando, es intrascendente, tanto en el fondo como en la forma, además de
una estructura lineal y con un final más que anticipado para el espectador.
Claro que para el público mexicano, que siempre inclina sus preferencias por
el melodrama, es una buena oportunidad para verse reflejado en el escenario y
meditar sobre comportamientos y discusiones similares.
Quedará siempre en el subconsciente de los espectadores cómo es posible que
al ser que se ha amado con toda el alma, pueda ser odiado hasta desearle la
muerte; porque dos enamorados se pueden convertir en rivales y porque lo que
alguna vez se vio como cualidad en el otro se transforma en defecto.
Olga Martha creó un espacio idóneo para el idílico encuentro, pero a
sabiendas de que el lugar y lo que lo rodea no influye en forma determinante en
los sentimientos de la pareja, por lo cual se centró en aprovechar las escasas
posibilidades dramatúrgicas del texto y crear una atmósfera que envuelve al
público en todo momento, porque hay que reconocerle que nunca se le cae la
puesta. En concreto, si vale la pena asistir a La Capilla, todo se le debe a la
directora.
El viento y las nubes Teatro La Capilla
Basado en el cuento de Javier Nieto, Tomás Ustusastegui
realiza una adaptación al teatro de El viento y las nubes. Historia
romántica ocurrida sobre un globo aerostático. La pieza está dirigida
magistralmente sobre una canastilla. En una mínima dimensión de espacio se
desarrolla la sencilla anécdota.
Se trata de un teatro sin riesgos, salvo el de la altura en que supuestamente
los protagonistas enfrentan los problemas básicos de una relación sentimental
en conflicto.
Marina Avilés y Javier Nieto, son estupendamente
dirigidos por la maestra Olga Martha Dávila. Destaca la música de
Eduardo García Barrios y Cesar Lima interpretada, en vivo,
por César Lima.